martes, 23 de junio de 2015

Platero y yo. Capítulo IV: El eclipse.

En el transcurso de la asignatura de TICs para ELE hemos hecho una actividad colaborativa con la novela de Juan Ramón Jiménez Platero y yo.

Mis compañeras y compañeros de clase ya han grabado el capítulo que les ha asignado nuestro profesor Juan, yo me he rezagado un poquito, pero aquí os dejo mi grabación que, como podéis observar, está compartida en la página SounCloud (muy útil para este tipo de actividades).

Un abrazo, 

Pequeña Bonsai.

https://soundcloud.com/peque-a-bonsai/platero-y-yo-capitulo-4


El eclipse


Nos metimos las manos en los bolsillos, sin querer, y la frente sintió el fino aleteo de la sombra fresca, igual que cuando se entra en un pinar espeso. Las gallinas se fueron recogiendo en su escalera amparada, una a una. Alrededor, el campo enlutó su verde, cual si el velo morado del altar mayor lo cobijase. Se vio, blanco, el mar lejano, y algunas estrellas lucieron, pálidas. ¡Cómo iban trocando blancura las azoteas! Los que estábamos en ellas nos gritábamos cosas de ingenio mejor o peor, pequeños y oscuros en aquel silencio reducido del eclipse.

Mirábamos el sol con todo: con los gemelos de teatro, con el anteojo de larga vista, con una botella, con un cristal ahumado; y desde todas partes: desde el mirador, desde la escalera del corral, desde la ventana del granero, desde la cancela del patio, por sus cristales granas y azules...

Al ocultarse el sol que, un momento antes, todo lo hacía dos, tres, cien veces más grande y mejor con sus complicaciones de luz y oro, todo, sin la transición larga del crepúsculo, lo dejaba solo y pobre, como si hubiera cambiado onzas primero y luego plata por cobre. Era el pueblo como un perro chico, mohoso y ya sin cambio. ¡Qué tristes y qué pequeñas las calles, las plazas, las torres, los caminos de los montes!

Platero parecía, allá en el corral, un burro menos verdadero, diferente y recortado; otro burro... 






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